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La producción cerealera es, desde
hace muchas décadas, uno de los pilares de la economía
argentina.
Fue a fines de los 1800
cuando la Argentina vio afianzar su condición de país
productor, y en las últimas décadas de ese siglo se hizo
imperiosa la búsqueda de nuevos mercados para la colocación
de excedentes.
La tarea de compra-venta y de
ubicación de nuevas posibilidades era llevada adelante por
los propios productores y acopiadores, quienes, por sí
solos, debían vencer las dificultades que aparejaban las
enormes distancias, las nulas comunicaciones y -la mayor
parte de las veces- el propio desconocimiento de las
oportunidades comerciales.
Como respuesta a las necesidades
de la producción, fue perfilándose la actividad que vino a
resolver las dificultades y a dinamizar el proceso de
comercialización agrícola, abriendo nuevas perspectivas
para el sector: el corretaje de cereales.
Sus pioneros fueron quienes
reemplazaron a productores y acopladores en las operaciones
de oferta y compra-venta de granos, liberándolos de la
atención de esta tarea y, a la vez, ampliándoles el
panorama comercial a través de un auténtico y profundo
conocimiento del mercado y de las oportunidades que éste
brindaba.
El fundador, un visionario
Llegó a Casilda, en Santa Fe, a
los 14 años.
Se llamaba Juan Bautista Sauberan,
y había nacido en un pueblito de los pirineos franceses
llamado Osserain.
En su trabajo, una de las tareas
que debía realizar diariamente era la de trasladarse en
sulky hasta Rosario -120 km. entre ida y vuelta por caminos
de tierra- para llevar muestras a la Bolsa de Comercio y
conectarse con firmas compradoras.
En 1888, cuando sólo contaba 19 años,
su innata inteligencia y gran visión de futuro lo
impulsaron a fundar con dos hermanos la firma Sauberan & Cía., en la misma Casilda, dedicándola a la
actividad que él ya conocía tan bien: la comisión y
consignación de cereales.
A los pocos años, el crecimiento
de los negocios hizo necesario el traslado a Rosario, uno de
los centros más importantes de comercialización.
Desde ese momento, comenzó la
designación de Representantes y Agentes en otras ciudades
de Santa Fe, y en menos de 20 años, concretó su instalación
en Buenos Aires, ciudad eje de las más importantes
transacciones cerealeras.
Fue en el año 1906 cuando abrió
sus primeras oficinas en la calle Reconquista 67 accediendo
así a nuevos y más amplios sectores comerciales.
Tiempo después, la filial porteña,
ya con la categoría de Casa Central, se desligó de la
rosarina, funcionando ambas con total autonomía.
En 1915 don Juan Bautista Sauberan,
sin desvincularse de la Casa, se retiró de la atención de
las diarias operaciones. De allí en adelante, en el curso
de los años, nuevos Directivos fueron quedando a cargo del
manejo de los negocios de la Empresa, que en tal proceso, y
sin perder su continuidad histórica, pasó a denominarse
sucesivamente
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De 1888 a 1915, Sauberan y Cía.
-
De 1915 a 1934, Perlender y Cía.
-
De 1934 a 1959, Capdevielle,
Kay & Cía.
-
En 1959 se adopta la forma
definitiva de Sociedad Anónima, y toma la denominación
actual de Capdevielle, Kay & Cía. S.A.
Desde que la firma se estableció
en Buenos Aires, y con el correr del tiempo, se emprendió
un sostenido ritmo de crecimiento.
Acompañando la expansión del
mercado cerealero, la Casa comenzó una nueva etapa
empresaria, abriendo las filiales que hoy cubren toda el área
productora del país, y que han contribuido sin duda con su
accionar, tanto el desarrollo general de la actividad
cerealera, como a consolidar el prestigio y liderazgo de la
Empresa.
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